VEGETACIÓN

Flora Sierra de Andújar: El vergel de la sierra

La sierra alberga una flora y vegetación mediterránea bien conservada. En la vegetación hay cuatro especies de grandes frondosas del género Quercus crecen en el parque. La temperatura y la disponibilidad de agua marcan la presencia de unas u otras.

La encina es la más abundante, y aparece por todo el territorio, formando bosquetes, en dehesas o ganando terreno poco a poco a los pinares de repoblación. En otros lugares aparece el alcornoque, que necesita un ambiente algo más húmedo, y el quejigo, ya relegado a umbrías y cercanías de cursos fluviales. Finalmente, el roble melojo queda recluido a zonas montañosas, con un microclima frío y húmedo.

A lo largo de los cursos fluviales, crece una característica vegetación de ribera, donde dominan sauces, alisos y fresnos de hoja estrecha. Al tiempo, otras plan- tas, como la adelfa, el taray y el tamujo crean una orla arbustiva entre los árboles y el río. Los bosques de ribera son frescos y húmedos, y en su interior no es extraño encontrar lianas y enredaderas, como la vid silvestre y la madreselva.

Vegetación característica de la zona mediterránea, y también presente en el parque, es la formación de matorral noble. Se trata de una auténtica selva formada por quejigos, madroños, labiérnagos y agracejos que ocupa lugares bien irrigados y de suelo profundo. Introducirse en la maraña vegetal es prácticamente imposible para nosotros pero no para la fauna. Jabalís, garduñas, zorros, lirones y, por supuesto, infinidad de aves buscan aquí refugio y los nutritivos frutos de estas plantas.

Y no podemos dejar de mencionar las formaciones vegetales que aparecen tras la degradación del bosque. Aromáticas como el romero y el cantueso, del cual existen en el parque dos subespecies que aprenderemos a reconocer en la ruta 3, la retama, diferentes especies de jara (ver ruta 2), jaguarzos y lentiscos crecen rápidamente y protegen el suelo que, sin la protección de los árboles, podría perderse rápidamente con la acción de la lluvia y la escorrentía. Si tienes oportunidad, no dudes en visitar esta sierra en prima- vera, momento mágico en el que se con- vierte en un auténtico jardín.

 

En la sierra de Andújar los árboles más destacados son las encinas, que parecen en masas puras o mezcladas con quejigos y alcornoques, creciendo sobre un tupido y denso monte de matorral mediterráneo. En las zonas más altas existen manchas de robles melojos.

Las encinas están distribuidas por gran parte de la superficie del Parque Natural de la Sierra de Andújar. En algunos lugares crecen de forma aislada sobre extensas y soleadas praderas, formando bucólicas dehesas en las que pastan las reses de ganadería brava.

En las zonas más umbrías, los encinares se alternan con manchas de quejigos y alcornocales, junto con densos matorrales formados por brezos, madroños, jaras y cornicabras. La vegetación más valiosa del parque se concentra en su zona septentrional, donde existen poblaciones de robles melojos en las cumbres más altas de Sierra Quintana.

ENCINA

ENCINAS-en-Sierra-de-Andújar Árbol de hojas perennes, coriáceas, elípticas y verdosas. El fruto es la bellota. Su tronco, de corteza grisácea, exhibe una ancha copa.

ALCORNOQUE

Alcornoque-en-Sierra-de-Andujar

Hojas verdes más alargadas que las de la encina y bellotas con cúpulas más pinchudas. De corteza muy gruesa (corcho), el árbol preside zonas de dehesa.

La corteza del alcornoque (Quercus suber) ya era utilizada por los romanos para tapar las ánforas que contenían el aceite y el trigo que se transportaba hasta Roma. En cualquier caso, no es hasta el siglo XVIII, con la producción y comercialización a gran escala de vino, que se crea una verdadera industria de aprovechamiento de este recurso.

Las colchas también han sido utilizadas en la elaboración de colmenas por los apicultores, para lo cual emplearon trozos de corcho enteros, con forma cilíndrica, y cerrados con dos planchas por los extremos. El conjunto era cosido con puntas de jara (conocidas como navajas, que por su dureza se empleaban como clavos). Se trata de colmenas valiosas al ser el corcho un material muy aislante, resistente y ligero.

La extracción del corcho no ha variado sustancialmente durante estos siglos. El descorche se lleva a cabo cada nueve años, el tiempo que necesita el árbol para regenerar la corteza con un grosor adecuado. El primer corcho que produce un ejemplar se conoce como bornizo, y es bastante irregular, apto tan solo para elaborar objetos de factura basta. Un alcornoque suele vivir entre 150 y 200 años.

Estas labores se realizan al principio del verano, momento en que se forman cuadrillas dirigidas por un capataz, en las que se incluyen los corcheros (encargados de extraer el corcho), los recogedores (que apilan el corcho según se obtiene) y los arrieros, responsables de la saca y el traslado, normalmente mediante mulas, hasta el cargadero o patio de colchas, donde se pesa el corcho recogido.

El descorche pasa por varias fases. En primer lugar, se hace un corte horizontal en la corteza, con el hacha corchera, que marca la altura del descorche, y luego se abren tajos verticales. A continuación se golpea la corteza con la parte de atrás del hacha, para ahuecarla y desgarrarla. Hecho esto, y con el mango del hacha a modo de palanca, se separan las planchas de corcho del árbol. Una vez extraídas, estas planchas se cortan con una navaja o cuchillo para que todas tengan más o menos el mismo tamaño. Y ya están listas para su traslado hasta el llamado cargadero, que se suele situar en una vía de saca (camino o pista forestal) donde se pesa con una báscula romana.

Finalmente, el corcho llega a la industria, donde se convertirá en aislantes térmicos y acústicos, solerías de parquets, plantillas para calzados, adornos, “lana de corcho” para embalajes, piezas para naves espaciales y, sobre todo, tapones para las botellas de vino. Todas estas aplicaciones son posibles gracias a las múltiples cualidades del corcho, entre las que destacan su baja densidad, su capacidad de aislamiento (térmico y acústico), su resistencia al fuego, su impermeabilidad y su Colchas recién desprendidas del árbol elasticidad

QUEJIGO

quejigo

Hojas tardíamente caducas, de contorno elíptico y undulado. Corteza parduzca y copa redondeada. Es un árbol frecuente entre encinares y alcornocales.

MADROÑO

Madroño-en-Sierra-de-Andujar

Arbolillo y arbusto extendido en zonas umbrías. Flores que aparecen en otoño, de jugoso y rojizo fruto que tardan un año en madurar. Son comestibles y son utilizados en confituras y bebidas alcohólicas.

CANTUESO

cantueso-en-Sierra-de-Andújar

Abunda entre los jarales. La mata alcanza hasta un metro de altura. Tomentosa y aromática. Flores en espigas

JARA PRINGOSA

jara-pringosa-en-la-Sierra-de-Andújar

Tapiza gran parte de la sierra. Matorral de degradación del encinar. Hojas viscosas y flores grandes blancas.

Orquideas

Gamones

En primavera descubrirás unas plantas con una roseta basal de hojas grandes de la que salen unas largas espigas florales. Son los gamones. Sus florecitas van abriéndose de forma paulatina, primero las situadas más abajo, luego las de encima de estas y así sucesivamente, con una cadencia de varios días entre cada una de ellas. Esto tiene una gran importancia, pues florecer en días diferentes asegura que alguna de ellas lo hará en un día despejado, sin lluvia, cuando los insectos polinizadores pueden realizar su trabajo sin problemas.

Matorrales y arbustos

El estrato arbustivo o matorral se encuentra formado básicamente por coscojas, lentiscos, jaras, enebros y jazmines silvestres, entremezclados con cornicabras, madroños y olivillas, y plantas aromáticas como romero, mejorana, cantueso y tomillo, que prestan color y olor a estos parajes para hacerlos aún más atractivos.

Fuente: Diputación de Jaén

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